Cuando un negocio pasa de generación a generación es importante capacitar a los familiares sobre la industria y cómo se desarrolla la empresa en el mercado porque suelen encontrarse diferentes obstáculos que paralizan el crecimiento de la compañía. Entre estos tenemos la falta de financiamiento, pérdida de competitividad, falta de pasión por lo que se hace, etc. Y no queremos que todo esto dañe las relaciones familiares.

El factor emocional también influye y se agudiza cuando hay sucesión en los puestos de alta dirección, contratación, retribución de miembros de la familia, la distribución de dividendos, el valor de la empresa, entre otros.  Por eso, para evitar estos riesgos es necesario promover la profesionalización y la institucionalización de la empresa. Esto le brinda mayor rigor al negocio.

La clave del éxito de un negocio familiar es la cohesión y profesionalidad de los miembros. Con esta visión se prioriza el interés social y la creación de riqueza a largo plazo para las distintas partes interesadas en la empresa: accionistas, familia, trabajadores, sociedad, clientes y proveedores.

Los elementos que se deben tener en cuenta en una empresa familiar son:

  1. Valores de la empresa: Esto incluye pensar en la misión y visión del negocio. Establecer cuáles son los objetivos a largo plazo más allá de la rentabilidad.
  2. Planear la sucesión: se debe preparar la nueva generación para que lidere la empresa y haya un clima de certeza.
  3. Establecer normas de funcionamiento: allí se establecen las políticas de la empresa y los mecanismos de resolución de conflictos.
  4. Regular los puestos: Para que el familiar pueda participar dentro de la empresa es necesario establecer unos puntos importantes como que tenga titulación académica y experiencia previa.

Finalmente, protocolizar la gestión en la empresa familiar significa en pocas palabras, organizarse para alcanzar el éxito y aprovechar al máximo los valores compartidos.

Información tomada de: www.forbes.com.mx