Por: Olga Lucía Salamanca Araújo Ibarra

Las tensiones comerciales entre EE. UU. y China alcanzaron un punto máximo durante agosto, que acaba de terminar. De hecho, se estima que, para finales del 2019, EE. UU. habrá aplicado aranceles al 97 % de las importaciones de China, equivalente a un gravamen de 38,6 %, mientras que previo a la llegada del presidente norteamericano Donald Trump a la Casa Blanca, este nivel era del 3 %.

Los últimos anuncios generaron una devaluación importante del Yuan, fenómeno que fue catalogado por EE. UU. como una manipulación indebida de su moneda, con lo cual se acentúo la volatilidad de los mercados.

Uno de los sectores que ha estado en el centro de esta controversia comercial es el siderúrgico por su importancia estratégica en las dos economías, lo cual se tradujo en la adopción a comienzos de 2018 de aranceles del 25 % a las importaciones americanas de acero y 10 % a las importaciones de aluminio.

Para Colombia los efectos de estas medidas se reflejaron en dos vías. A pesar de contar con un TLC con los EE. UU., el país no fué excluído de dichos aranceles, afectando sus exportaciones de productos del sector de aluminio. Por otra parte, el efecto dominó que generó la aplicación de aranceles en EE. UU y las retaliaciones de sus principales socios comerciales, mostraron a finales de 2018 un fuerte desbalance en el comercio mundial de acero, que se tradujo en una importante desviación de comercio de aceros largos hacia Colombia, con unos precios excesivamente bajos.

En la actualidad, la inestabilidadde los mercados internacionales y la volatilidad de los tipos de cambio, seguirá provocando incertidumbre en las decisiones de inversión, especialmente en los sectores que dependen de China para el abastecimiento de insumos. En el mercado de acero y aluminio, muy seguramente esta volatilidad de los mercados continuará impactando los costos de producción, ya que los precios internacionales de materias primas como carbón, chatarra y electrodos continuarán al alza.

Es claro que Colombia no es ajena a los efectos de la escalada arancelaria entre EE. UU. y China y en particular la cadena siderúrgica y metalmecánica debe mantenerse en alerta máxima para responder a tiempo, a los coletazos de esta guerra comercial.

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